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Codo de tenista (epicondilitis lateral): causas en pádel y gimnasio, y el tratamiento con más evidencia

Fisioterapeuta aplicando vendaje neuromuscular en el codo de un paciente para tratar el codo de tenista o epicondilitis lateral
Imagen ilustrativa de un tratamiento de fisioterapia en el codo. Foto: Stephanie Allen / Pexels

En Welfare lo vemos casi cada semana desde que el pádel se ha convertido en el deporte de moda en Barcelona: alguien llega quejándose de un dolor en la cara externa del codo que se dispara al coger la sartén, girar el pomo de una puerta o simplemente dar la mano. Es la presentación típica del codo de tenista, cuyo nombre médico es epicondilitis lateral. Y aunque el nombre venga del tenis, según la Mayo Clinic, «la mayoría de las personas que sufren codo de tenista no juegan al tenis». Repasamos qué es, por qué aparece tanto en pádel como en el gimnasio o la oficina, y qué tratamientos tienen respaldo real en la investigación frente a los que generan más dudas que certezas.

¿Qué es el codo de tenista (epicondilitis lateral)?

Según describe la Mayo Clinic, el codo de tenista afecta al punto donde los tendones de los músculos extensores del antebrazo —principalmente el extensor radial corto del carpo— se insertan en una prominencia ósea situada en la cara externa del codo, el epicóndilo lateral. Pequeños desgarros repetidos en ese tendón provocan inflamación y, con el tiempo, degeneración del propio tejido, lo que genera dolor. Es, en esencia, la misma familia de lesiones por sobrecarga que ya tratamos en este blog al hablar de las tendinitis: no es una lesión puntual, sino el resultado de acumular más carga de la que el tendón es capaz de tolerar y reparar.

Conviene diferenciarlo de su primo cercano, el «codo de golfista» o epicondilitis medial, que afecta a los tendones flexores en la cara interna del codo. Ambos comparten mecanismo —sobrecarga por movimientos repetitivos de muñeca— pero se localizan en lados opuestos de la articulación.

Síntomas: cómo reconocerlo

El síntoma principal es un dolor o ardor en la parte externa del codo que puede irradiar hacia el antebrazo y la muñeca, según recoge la Mayo Clinic. Ese dolor suele intensificarse con gestos muy cotidianos: agarrar un objeto, estrechar la mano, girar un pomo o levantar una taza, porque todos ellos exigen activar los mismos tendones extensores. No es raro que la fuerza de agarre también se resienta, lo que en Welfare solemos detectar antes incluso de que la persona lo mencione, al comparar la prensión de ambas manos.

Por qué aparece: causas y factores de riesgo

La causa de fondo es la sobrecarga por movimientos repetitivos de la muñeca y el antebrazo. La Mayo Clinic señala como desencadenantes típicos los deportes de raqueta (sobre todo el golpe de revés con mala técnica), pero también oficios como fontanería, pintura, carpintería, cocina o el uso repetitivo del ratón del ordenador —un factor de riesgo que ya comentamos al hablar del papel de la fisioterapia en los entornos laborales modernos—. Entre los factores de riesgo identificados están tener entre 30 y 60 años, practicar deporte de raqueta más de dos horas al día, usar una técnica o un equipamiento inadecuados, fumar y el exceso de peso corporal.

En el caso concreto del pádel, la Encuesta de Hábitos Deportivos en España de 2010 del Consejo Superior de Deportes ya situaba a este deporte como el sexto con más lesionados y el segundo que más rehabilitación requiere de todo el país. Y en una muestra más pequeña y local —70 jugadores amateurs de Olías del Rey (Toledo), recogida en 2017—, la epicondilitis fue la segunda lesión más frecuente, con 23 casos registrados, en torno a un tercio de todas las lesiones documentadas en ese grupo. Son datos que no pueden extrapolarse sin más a toda España, pero sí apuntan en la misma dirección que observamos en consulta: el boom del pádel de los últimos años ha traído consigo un aumento de las consultas por dolor de codo, muchas veces relacionado con una pala demasiado dura o rígida, un agarre excesivo o un volumen de juego que crece más rápido de lo que el tendón puede adaptarse.

Qué tratamiento tiene más evidencia

Ejercicio: la base del tratamiento

La revisión sistemática y metaanálisis más completa disponible sobre este punto es la de Karanasios y su equipo, publicada en el British Journal of Sports Medicine en 2021, que analizó 30 ensayos clínicos con 2.123 participantes. Su conclusión es clara pero matizada: el ejercicio obtiene mejores resultados que las intervenciones pasivas, aunque el efecto es pequeño, con una certeza de la evidencia baja o muy baja. En la fuerza de prensión sin dolor, las mejoras fueron clínicamente relevantes a corto plazo (12,15 puntos), a medio plazo (22,45 puntos) y a largo plazo (18 puntos). Frente a las infiltraciones de corticoides, el ejercicio superó a la inyección en la mayoría de desenlaces, salvo en el alivio del dolor a muy corto plazo. Frente a la actitud de «esperar y ver», el ejercicio solo mostró ventajas claras en la mejoría percibida a corto plazo y en dolor y discapacidad a corto y largo plazo. El mensaje práctico es coherente con lo que ya explicamos sobre el entrenamiento excéntrico en otras tendinopatías: cargar el tendón de forma progresiva y controlada, con ejercicios excéntricos o isométricos de los extensores de la muñeca, es la estrategia con más respaldo, aunque no es una solución milagrosa ni rápida.

Terapia manual: un complemento, no la solución

Una revisión Cochrane publicada en mayo de 2024, cuya síntesis en español está disponible en Cochrane Iberoamérica, comparó la terapia manual frente a placebo, y la terapia manual combinada con ejercicio frente a ningún tratamiento o una intervención mínima. Encontró que la terapia manual podría mejorar el dolor al final del tratamiento frente a placebo, con una mejora leve cuando se combina con ejercicio frente a no hacer nada. Eso sí, todos los desenlaces —dolor, discapacidad, calidad de vida y éxito del tratamiento— tienen una certeza de la evidencia calificada como baja, y la revisión no encontró datos suficientes sobre su efecto en la fuerza de agarre. En la práctica, esto respalda usar la terapia manual como complemento al ejercicio, no como sustituto.

Infiltraciones de corticoides: alivio rápido, peor resultado a un año

El ensayo de referencia sobre este punto sigue siendo el de Bisset, Beller, Jull, Brooks, Darnell y Vicenzino, publicado en el BMJ en 2006, que asignó a 198 pacientes con codo de tenista a tres grupos: fisioterapia (manipulación más ejercicio), infiltración de corticoides o «esperar y ver» con analgesia si era necesaria. A las 6 semanas, la infiltración ganaba claramente: un 78% de éxito, frente al 65% de la fisioterapia y solo el 27% del grupo de espera. Pero el panorama se invertía por completo al año: la fisioterapia alcanzó un 94% de éxito y el grupo de espera un 90%, mientras que el de infiltración cayó al 68%, con un 72% de los pacientes que habían mejorado inicialmente sufriendo una recaída entre las semanas 3 y 6. Es un patrón que conviene tener muy presente antes de optar por una infiltración como primera opción: alivia rápido, pero a un año vista puede salir peor parada que no hacer prácticamente nada.

Ondas de choque: la misma cautela que en otras tendinopatías

Como ya explicamos con detalle al hablar de las ondas de choque para la tendinitis, esta terapia también se ha estudiado específicamente para el codo de tenista —hay una revisión sistemática de Karanasios y su equipo publicada en Clinical Rehabilitation en 2021 dedicada solo a esto—, pero, igual que en otras tendinopatías por sobrecarga, la evidencia global sobre su eficacia tiende a ser inconsistente entre revisiones. No es una terapia sin sentido, pero conviene verla como un posible complemento en casos crónicos que no responden al ejercicio, nunca como sustituto de la carga progresiva del tendón.

Cuándo acudir a un fisioterapeuta

Un dolor de codo que persiste más de dos o tres semanas, que no mejora con el ajuste de la carga de juego o de trabajo, o que empieza a limitar el agarre en el día a día, merece una valoración profesional. Un fisioterapeuta puede confirmar el diagnóstico —descartando otras causas de dolor de codo, como una compresión del nervio radial— y diseñar contigo la progresión de ejercicio excéntrico o isométrico que la evidencia sitúa en el centro del tratamiento, además de valorar la técnica de juego, el material (peso y rigidez de la pala o la raqueta) y, si hace falta, coordinarlo con tu programación de fuerza de agarre y del resto del tren superior.

Prevención: qué puedes controlar

Buena parte de los factores de riesgo identificados por la Mayo Clinic son modificables: técnica de golpeo, elección del material (una pala o raqueta demasiado rígida o pesada exige más al antebrazo), progresión gradual del volumen de juego en lugar de pasar de cero a varias sesiones semanales de golpe, y mantener una musculatura de antebrazo y agarre entrenada de forma preventiva, no solo cuando ya duele. Si tu trabajo implica horas de ratón y teclado, revisar la postura y tomar micro-pausas también reduce la carga acumulada sobre ese mismo grupo de tendones.

Preguntas frecuentes sobre el codo de tenista

¿Cuánto tarda en curarse el codo de tenista?

No hay un plazo único: depende de la cronicidad y de si se ajusta la carga a tiempo. Lo que sí muestra el ensayo de Bisset y su equipo es que, al año de seguimiento, tanto la fisioterapia con ejercicio (94% de éxito) como la simple modificación de actividad (90%) superan ampliamente a la infiltración aislada de corticoides (68%).

¿Es mejor una infiltración de corticoides o la fisioterapia?

Según el ensayo de Bisset et al. (2006, BMJ), la infiltración alivia más rápido a las 6 semanas (78% frente al 65% de la fisioterapia), pero a las 52 semanas el resultado se invierte: la fisioterapia llega al 94% de éxito frente al 68% de la infiltración, que además presenta una alta tasa de recaída.

¿El pádel es una causa frecuente de codo de tenista?

Es una de las causas relacionadas con el deporte, aunque, según la propia Mayo Clinic, la mayoría de los casos de codo de tenista no proceden de jugar a este deporte. En España, un estudio local con jugadores amateurs de pádel encontró que la epicondilitis fue la segunda lesión más frecuente entre los participantes, aunque se trata de una muestra pequeña y no de una cifra nacional.

¿Sirven las ondas de choque para el codo de tenista?

Existen revisiones sistemáticas centradas específicamente en esta terapia para el codo de tenista, pero, como ocurre con otras tendinopatías por sobrecarga que hemos tratado en este blog, la evidencia disponible es inconsistente entre estudios. Puede valorarse como complemento en casos crónicos, no como primera opción frente al ejercicio.

En Welfare integramos fisioterapia y entrenamiento personal en el mismo espacio precisamente para casos como el codo de tenista: un dolor que aparece en la pista de pádel o en el gimnasio se resuelve mejor cuando quien valora la lesión y quien programa tu progresión de carga trabajan de forma coordinada. Si llevas semanas arrastrando una molestia en el codo, nuestro equipo puede ayudarte a diseñar un plan de recuperación con respaldo científico, en lugar de recurrir a soluciones rápidas sin suficiente evidencia detrás.

Fuentes: Mayo Clinic; Karanasios et al., British Journal of Sports Medicine (2021); Cochrane, síntesis en español (2024); Bisset et al., BMJ (2006); Karanasios et al., Clinical Rehabilitation (2021); Encuesta de Hábitos Deportivos en España y estudio local de jugadores de pádel citados en PadelStar.

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