El zinc se ha convertido en uno de los suplementos más vendidos junto a la creatina o la proteína en polvo, casi siempre con la misma promesa en la etiqueta: sube la testosterona, mejora la fuerza y acelera la recuperación. Es una afirmación que circula en foros de gimnasio, en vídeos de suplementación y en no pocas tiendas de parafarmacia. El problema es que la evidencia científica dice algo bastante más matizado que la etiqueta, y ese matiz es justo el que decide si tomar zinc te sirve de algo o si es dinero tirado. Repasamos qué mide de verdad la investigación sobre zinc y testosterona, en quién sí hay un efecto real y dónde el zinc tiene, en cambio, una señal más sólida de lo que se suele contar.
Qué es el zinc y para qué lo necesita tu cuerpo cuando entrenas
El zinc es un mineral esencial que participa como cofactor en más de 300 enzimas del organismo, entre ellas las implicadas en la síntesis de proteínas, la división celular, la cicatrización de tejidos y la respuesta inmunitaria. El cuerpo no lo almacena en cantidades relevantes, así que depende de un aporte constante a través de la dieta. Durante el ejercicio, el zinc interviene además en la regulación de varias hormonas, entre ellas la testosterona, lo que explica por qué ha acabado en el centro de tantas promesas de marketing deportivo.
El mito del zinc y la testosterona: qué dice la revisión de 38 estudios
La evidencia más completa disponible hasta ahora es una revisión sistemática publicada en el Journal of Trace Elements in Medicine and Biology en marzo de 2023, que analiza 38 estudios (8 clínicos y 30 en animales) sobre la relación entre el zinc sérico y la testosterona. Su conclusión general es que la deficiencia de zinc reduce los niveles de testosterona y que corregir esa deficiencia con suplementación los mejora. Hasta aquí, la promesa del bote parece confirmada.
Pero los propios autores añaden un matiz que rara vez aparece en el envase: el grado del efecto depende de los niveles basales de zinc y testosterona de cada persona, de la forma química del suplemento, de la dosis elemental y de la duración de la pauta. En otras palabras, el zinc sube la testosterona cuando corrige un déficit real. Cuando no hay déficit (que es la situación de la mayoría de personas que entrenan y llevan una dieta variada con carne, marisco, huevo o legumbres), no existe una base biológica ni una evidencia sólida de que añadir más zinc del que el cuerpo ya tiene eleve la testosterona por encima de su nivel normal. Es el mismo patrón de saturación que ya vimos al analizar si la vitamina D mejora la fuerza: ayuda a corregir una carencia, no multiplica un valor que ya es suficiente.
El caso del ZMA: la combinación que prometía más que la evidencia
Buena parte de la fama del zinc como potenciador hormonal viene de un producto muy concreto, el ZMA (zinc, magnesio y vitamina B6), popularizado a finales de los años noventa a partir de un único estudio con jugadores de fútbol americano que mostró subidas de fuerza y testosterona. Ese hallazgo inicial no se ha replicado de forma consistente en deportistas con una ingesta de zinc y magnesio ya adecuada, algo coherente con lo que también hemos comentado al revisar el magnesio para deportistas: el suplemento corrige un déficit, no añade un extra sobre una base ya cubierta.
Por qué el deportista tiene más riesgo de ir corto de zinc de lo que parece
Aquí está la parte de la historia que menos se cuenta y que, curiosamente, sí tiene respaldo sólido: quien entrena mucho puede tener más riesgo de un estatus de zinc bajo que quien no entrena, incluso comiendo más cantidad de este mineral. Un metaanálisis publicado en Sports Medicine en febrero de 2018, que combina 12 estudios transversales, encontró que los deportistas presentan una concentración de zinc en sangre significativamente más baja que la población no deportista (diferencia media de −0,93 μmol/L; IC 95 %: −1,62 a −0,23), a pesar de consumir de media 2,57 mg al día más de zinc en su dieta (IC 95 %: 0,97 a 4,16). La conclusión de los propios autores es clara: los deportistas parecen tener un requerimiento de zinc más alto que la población sedentaria, probablemente por las pérdidas asociadas al sudor, la orina y el propio recambio metabólico del entrenamiento intenso.
El riesgo se acentúa en varios perfiles concretos: personas que siguen dietas vegetarianas o veganas, porque el zinc de origen vegetal (legumbres, cereales integrales, frutos secos) tiene una biodisponibilidad menor por el contenido en fitatos; deportistas de resistencia con mucho volumen de entrenamiento y sudoración elevada; y quienes restringen calorías o proteína animal de forma prolongada. Si te reconoces en alguno de esos perfiles, tiene más sentido revisar tu ingesta de zinc que en el caso de alguien con una dieta variada y sin restricciones.
Dónde el zinc sí tiene una señal más sólida: las defensas
Si la promesa de la testosterona se sostiene poco, el terreno donde el zinc muestra un papel más interesante, y menos publicitado, es el sistema inmunitario, algo especialmente relevante para quien entrena con cargas altas, ya que los periodos de mayor volumen se asocian a más episodios de resfriados e infecciones respiratorias. Un metaanálisis en red publicado en eClinicalMedicine en septiembre de 2025, con 107 ensayos y 101.751 participantes adultos, comparó distintos suplementos nutricionales para prevenir infecciones respiratorias. El zinc apareció entre los más prometedores, con un riesgo relativo de 0,69 (IC 95 %: 0,50 a 0,94), pero con certeza baja en la evidencia. Los propios autores advierten de que dos metaanálisis recientes anteriores no habían encontrado que el zinc fuera eficaz para este fin, así que el dato hay que tomarlo como una señal a vigilar, no como una conclusión cerrada.
En ese mismo trabajo, las intervenciones con evidencia de mayor certeza fueron la catequina (RR 0,79), el Bifidobacterium animalis (RR 0,79, certeza moderada) y los probióticos multicepa (RR 0,90, certeza moderada), mientras que la vitamina D en dosis altas resultó la más eficaz específicamente frente a covid-19 y gripe (RR 0,66). El zinc, en resumen, es un candidato razonable dentro de una estrategia más amplia para sostener las defensas en temporadas de entrenamiento exigente, no una solución en solitario ni mucho menos garantizada.
Cuánto zinc tomar, qué forma elegir y qué evitar
Según los valores de referencia recogidos por el Linus Pauling Institute de la Universidad Estatal de Oregón, la ingesta diaria recomendada para adultos es de 11 mg al día en hombres y 8 mg al día en mujeres, con un límite superior tolerable de 40 mg al día. Superar ese límite de forma mantenida puede interferir con la absorción de cobre y provocar una deficiencia secundaria de este otro mineral, además de molestias digestivas.
Algunas pautas prácticas, siempre con esos límites en mente:
Prioriza la comida antes que el suplemento. El marisco (especialmente las ostras), la carne roja, las aves y el huevo aportan zinc de alta biodisponibilidad gracias a los aminoácidos azufrados que facilitan su absorción. Los frutos secos, las legumbres y los cereales integrales también contienen zinc, pero su fitato reduce la cantidad que el cuerpo llega a absorber; fermentar o dejar en remojo estos alimentos mejora algo esa absorción.
Si decides suplementar, hazlo con cabeza. Las dosis estudiadas para corregir un déficit suelen moverse entre 15 y 30 mg al día, siempre por debajo del límite superior de 40 mg. No lo tomes en la misma toma que suplementos de calcio o hierro, porque compiten por los mismos transportadores de absorción intestinal.
Piensa en ciclos, no en hábito indefinido. Igual que recomendamos con la L-carnitina o con la cafeína antes de entrenar, tiene más sentido plantear la suplementación de zinc en periodos acotados (por ejemplo, en fases de mayor volumen de entrenamiento o en meses de más exposición a virus respiratorios) que mantenerla todo el año sin revisión.
Vigila la calidad del producto. Como ya explicamos al hablar de la proteína en polvo y los metales pesados, el control de calidad de los suplementos deportivos no siempre es el que cabría esperar. Elegir marcas con analítica de terceros reduce el riesgo de dosis mal etiquetadas.
La foto completa: ¿a quién le compensa suplementar con zinc?
La suplementación con zinc tiene sentido real en un grupo concreto de personas: quienes siguen dietas vegetarianas o veganas, deportistas de resistencia con alto volumen y sudoración importante, quienes restringen calorías de forma prolongada y quienes muestran signos compatibles con un déficit (resfriados frecuentes, cicatrización lenta, cansancio persistente pese a dormir y comer bien). En esos casos, corregir el déficit con dieta o suplemento puede mejorar tanto la testosterona como las defensas, con respaldo científico real detrás.
Fuera de esos perfiles, para alguien con una dieta variada que incluye carne, pescado, marisco o huevo, no hay evidencia de que tomar zinc de más suba la testosterona ni acelere la ganancia de músculo. Antes de comprar un bote por la promesa de la etiqueta, suele compensar más revisar la dieta real y, si hay dudas, pedir una analítica que confirme si el déficit existe de verdad. Es la misma lógica que aplicamos al revisar la ferritina baja en deportistas: suplementar sin confirmar la carencia rara vez compensa, y a veces desplaza minerales que sí necesitas en su justa medida.
Preguntas frecuentes sobre el zinc y la testosterona
¿El zinc sube la testosterona en cualquier persona que lo tome?
No según la evidencia disponible. La revisión de 2023 en el Journal of Trace Elements in Medicine and Biology muestra que el efecto depende de si existe o no un déficit previo. En personas con niveles de zinc ya adecuados, no hay una base sólida para esperar una subida de testosterona por encima de lo normal.
¿Los deportistas necesitan más zinc que las personas sedentarias?
Es plausible según los datos disponibles. El metaanálisis de 2018 en Sports Medicine encontró zinc sérico más bajo en deportistas pese a una mayor ingesta dietética, lo que sugiere un requerimiento más alto, probablemente por pérdidas asociadas al entrenamiento intenso.
¿Sirve el zinc para no resfriarme tanto en temporada de mucho entrenamiento?
Hay una señal a su favor en el metaanálisis en red de 2025 en eClinicalMedicine (riesgo relativo de 0,69), pero la certeza de esa evidencia es baja y otros metaanálisis previos no encontraron el mismo efecto. Es un candidato razonable, no una garantía.
¿Cuánto zinc es seguro tomar al día?
Según el Linus Pauling Institute, la ingesta recomendada para adultos es de 11 mg al día en hombres y 8 mg en mujeres, con un límite superior tolerable de 40 mg al día. Superar ese límite de forma sostenida puede provocar una deficiencia secundaria de cobre.
En Wohlfahrt preferimos contarte esto con matices antes que venderte la versión corta del envase. El zinc no es un potenciador hormonal para cualquiera que entrene, pero tampoco es un suplemento inútil: es un mineral esencial que puede marcar una diferencia real en testosterona, recuperación y defensas cuando corrige un déficit auténtico, y que aporta poco o nada cuando ese déficit no existe. Si quieres saber si tu caso encaja en el primer grupo o en el segundo, coméntaselo a nuestros entrenadores o pide una valoración nutricional antes de gastar en otro bote más.